lunes, 29 de abril de 2013

Ánder en primaria

Ánder ya está en primaria. De hecho ya lleva casi un curso entero en primaria y creo que ya es el momento de hacer algunas reflexiones. Lo primero que se me ocurre es que me emociona comprobar el esfuerzo tan grande que se hace en los colegios para discriminar y aminorar a los niños. Desde que empezó el curso a Ánder le han apartado de sus compañeros por lo menos tres horas a la semana. Por si algún compañero no supiera que sacan a Ánder porque no es capaz de seguir las lecciones, durante otras tres horas a la semana meten en el aula a un segundo profesor para que haga destacar sus dificultades sentándose a su lado y corrigiendo sus errores. Esto como mínimo, porque hay infinidad de detalles a lo largo del día en los que se destaca su diferencia, haciéndola sobresalir no como tal diferencia, sino como déficits, incapacidades. Hay que "ayudar" a Ánder a "superar" sus dificultades, hay que "apoyar" a Ánder porque "no es capaz". Alguna vez he mencionado que las personas buenas son las más perjudiciales para Ánder, las que más le humillan y le dificultan su desarrollo. Desde que está en primaria he podido comprobar que el sistema también puede ser "bueno". Han metido a Ánder en un sistema "bueno".

Eso sí, siempre le dejan la puerta abierta a que si se esfuerza mucho y trabaja duro podrá estar con sus compañeros todo el tiempo y se le podrán retirar esos apoyos tan fantásticos, como impedirle hacer los mismos ejercicios que el resto de los alumnos de su clase. Nadie sabe si podrá hacerlo o no porque nadie se ha molestado en enseñarle a hacerlos. Por supuesto, para muchos de sus profesores es "evidente" que no es capaz y es una pérdida de tiempo, incluso un engaño, el pretender que pueda hacerlos. Ya me han hecho saber personalmente que sus éxitos son en realidad ejercicios realizados por mí, no por el niño, que es incapaz de hacerlos solo. Y así todo todo el día.

Y esto es el punto de partida. Por supuesto algo de razón habrá en todo ello porque sinceramente pensé que no sería así, pero también pensé que como su padre tengo derecho a conocer los detalles de su educación y a participar en ella más allá de aportar un número de cuenta corriente, pero también me hicieron saber personalmente que esto no es así, que la educación de Ánder es "prerrogativa" del colegio. Y ni siquiera puedo conocer la educación que le están dando. Y mejor no discutir demasiado este punto, puesto que estoy a un paso de convertirme en un excéntrico, en la evidente explicación de los problemas de su hijo simplemente oyéndome hablar. Mejor ser una "persona normal", de los que no se meten en lo que no les importa.

Ingenuamente pensé que Ánder tenía derecho a una buena educación, a la mejor que se le pueda dar. A lo que tiene derecho es a clases de cuarenta y cinco minutos en los que quince se dedican a la explicación en la pizarra de tiza, otros quince a ensayar lo explicado y otros quince a corregir los ensayos. Y a quien no le valga pues le sacan de clase, para que no sienta estúpido por no ser capaz de seguir el ritmo. Esperar que el derecho de mi hijo a ser educado está  por encima del derecho del profesor a dar la clase de toda la vida y que éste tiene la obligación de buscar alternativas para integrar a mi hijo en el desarrollo de las clases es muestra de inocencia bobalicona por mi parte.

Imaginar que pueda haber dinámicas de clases que fomenten el trabajo en grupo, la colaboración y no la competitividad (el más listo es el que entiende y realiza los ensayos correctamente en menos tiempo, ya el profesor se encargará de hacer notar quien es para premiar la excelencia), que pueda haber sistemas de enseñanza que fomenten el trabajo autónomo no dependiente de las palabras del "dueño del conocimiento", que no impliquen fracasos, si no retos, puesto que la vida no ofrece fracasos a quien se esfuerza, cosa que sí sucede en las escuelas, todo ello son utopías sin base ninguna en la realidad del colegio de primaria al que Ánder asiste. O, más bien, en el que dejo al pobre niño todas las mañanas y le digo que se lo pase bien y se ría todo lo que pueda, porque sigo pensando que lo más divertido que puede hacer un niño es aprender. Más que un festival de Bob Esponja o que montar en bicicleta, y que si les enseñamos lo contrario es porque Bob Esponja y la bicicleta llevan una etiqueta de precio mientras que el aprender no, el aprender es gratis, como los besos. Y por eso también enseño a Ánder a dar muchos besos a todo el mundo, pero él cada vez da menos, porque a los niños que quieren ser mayores y listos no les gustan los besos.

Creo que lo estoy haciendo fatal. Probablemente el auténtico problema de Ánder sea el que me empeño en que es el mundo el que tiene que adaptarse a Ánder y no al revés, porque Ánder no tiene nada malo, mientras que veo al mundo lleno de defectos. Será amor de padre, supongo.

1 comentario:

Monica Blanco dijo...

No se podria explicar mejor,gracias por escribir lo que muchos pensamos y no sabemos exlicar tan bien. Parece que a veces hay que dar las gracias porque los acepten al colegio y encima callarse! La sociedad sigue encajada en un barco lleno de prejuicios. No te preocupes, ese barco se hundira tarde o temprano, ha de hundirse, o esta sociedad se volvera tan decadente que estara abocada al desastre.

 
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